Día 9 — El día que quise desconectarme (y terminé aprendiendo algo distinto)
Hoy no quería estar pendiente de nadie.
Aunque en casa ya todos son mayores de edad, hay algo en el hábito de mamá que no se apaga fácil — siempre hay un ojo puesto en alguien. Pero hoy decidí que no. Hoy quería salir de la rutina, aunque fuera por unas horas.
Le dije a mi esposo: "vámonos a comer juntos." Y de paso aprovechamos para ir a ver unas butacas para un proyecto de él — habíamos visto la tienda en un "shopper" de redes sociales, con precios bastante accesibles, y pensamos: no perdemos nada con ir a ver.
Nunca había entrado a esa mueblería. Entré toda curiosa, mirando muebles hermosos (y otros no tanto). Mi esposo se sentó en una butaca que le llamó la atención, y cuando vi el precio casi me da un patatús: $1,300. Por una butaca.
Inmediatamente volteo a ver el sofá que tenía al frente, porque si la butaca costaba eso, yo quería saber cuánto costaba el sofá.
Era un sofá que no impresionaba en nada — hasta que ves el precio: $10,999 y eso si que me impresionó.
Pero... ¿y esto? La butaca que queríamos ver, la del shopper, la de $147 — esa nunca la vimos por ningún lado. Le preguntamos a un vendedor, y nos explicó que esa butaca era de su outlet, no de la tienda principal.
Ahí decidimos que me dije a mi misma, misma esta tienda definitivamente no era para ti. Y asi nos fuimos a comer.
De camino a casa, mi guagua se apagó en plena carretera y no quiso volver a prender. Tuvimos que esperar una grúa.
Y ahí, montada en esa grúa, el día que había empezado como un pequeño escape para desconectarme, dio un giro que no esperaba: me dio un ataque de ansiedad.
No fue gracioso. No fue una anécdota más. Fue real, fue incómodo, y no pude simplemente "reírme y seguir." A veces el cuerpo acumula más de lo que uno cree que está cargando, y en el momento menos pensado, todo sale a flote.
Y quiero ser honesta contigo sobre eso, porque parte de lo que quiero que este journal represente es justamente esto: que puedo escribirte sobre chistes de sofás carísimos y, en el mismo día, contarte que también tuve un momento difícil. Ambas cosas son ciertas. Ambas son parte de ser humana.
Hoy no tengo un cierre bonito ni una lección envuelta en lazo. Solo tengo esto: estuve ansiosa, y está bien haberlo estado. Ya estoy más tranquila. Y mañana toca averiguar qué le pasó a mi guagua — espero que sea algo sencillo.
Gracias por leerme incluso en los días que no vienen con moño.
Un abrazo,
Vicky 🌸

