Día 10 — Cuidar de todos, menos de mí

En mi casa, por lo general, yo corro con todas las bases. Cuando alguien lo necesita, o hay un brete que resolver, citas médicas, ahí estoy yo, y lo que venga lo afronto y seguimos pa'lante. Se me da fácil, así me crié.

Pero cuando el problema es mío, me vuelvo un ocho. No encuentro la manera de solucionarlo y muchas veces me ahogo en un vaso de agua, y lo sé, porque luego que se soluciona analizo todo y lo veo claro.

Hoy me tocaba lidiar con lo de mi guagua — llamar, averiguar, buscar quién puede revisar el “bioco” que le dio. Y no pude, me quedé en blanco. No supe ni por dónde empezar; mi esposo lo hizo y yo simplemente estaba bloqueada.

Me he estado preguntando de dónde viene esto, y creo que la respuesta empieza desde mucho antes de ser mamá, esposa o Maker. Nos enseñan desde pequeños a complacer a los demás primero. A creer que poner atención en nosotras mismas es casi un acto de egoísmo. Que si decimos que no, sentimos culpa, o tememos que los demás se enojen.

Sin darnos cuenta, empezamos a medir nuestro valor por cuánto ayudamos a otros. Y realmente eso no está mal, siempre y cuando en el proceso no nos olvidemos de que nuestra propia salud, mental y física, también importa — porque si no estamos bien con nosotras y para nosotras, es casi imposible estar para los demás sin destruirnos en el proceso. Yo duermo poco, y cuando por fin descanso, me siento culpable, como si estuviera perdiendo el tiempo en el que debería estar haciendo algo productivo.

Algo que tengo que admitir: no suelo pedir ayuda. No me gusta hacerlo. Si alguien hace algo por mí porque simplemente le nació hacerlo, se lo agradezco con todo el corazón. Pero pedir — extender la mano y decir "necesito que alguien me ayude con esto" — eso no se me da. Prefiero mil veces cargar sola con el peso antes que pedir que alguien me lo aligere.

Sé que esto tiene un nombre y una consecuencia real: descuidar el autocuidado físico y emocional genera agotamiento, estrés crónico, y en los casos más fuertes, ansiedad. Muchas personas con rol de cuidadoras — y yo me incluyo ahí sin duda — ni siquiera nos permitimos enfermarnos, descansar, o pedir apoyo, convencidas de que "los demás me necesitan" o "no puedo fallarles."

Y quizás esa combinación explique un poco lo de ayer. A veces uno lleva tanto tiempo haciendo por otros lo que debería hacer por mí, y en el momento menos pensado, montada en una grúa, mi cuerpo simplemente dijo basta.

No tengo esto resuelto. Sigo sin saber cómo pedir ayuda con la misma naturalidad con la que la ofrezco. Sigo trabajando en mí. Y empezar a nombrar el patrón ya es un primer paso. Y quizás el segundo sea permitirme, aunque sea una vez, decir en voz alta: "necesito ayuda."

Me gustaría saber, o simplemente leer, si esto le pasa a más personas de las que yo pienso. ¿Se les hace difícil pedir ayuda? ¿Qué tendrían que soltar para permitirse recibir en lugar de siempre dar? Si llegaste hasta aquí, me gustaría leerlos.

Un abrazo para ti que me lees, y otro para mí que te escribo. Hoy escribo para mí también.

Vicky 🌸

Aromas Con Buenas Vibras

Aromas con Buenas Vibras es un negocio puertorriqueño dedicado a la creación de velas artesanales de cera de soja, difusores, jabones saponificados y glicerina y productos aromáticos para el hogar.

Cada pieza es elaborada a mano con intención, amor y buena energía, buscando inspirar bienestar, calma y conexión. Nuestros aromas están diseñados para transformar espacios y acompañarte en momentos especiales con buena vibra.

https://aromasconbuenasvibras.com
Anterior
Anterior

Día 11 — Lo que significa para mí una vida con buenas vibras

Siguiente
Siguiente

Día 9 — El día que quise desconectarme (y terminé aprendiendo algo distinto)