Día 12 — Entre el ruido mental y la sobreestimulación: cómo la controlo (cuando puedo)
Yo soy de las que planifica. Organizo mis días por horas, por momentos, qué hacer primero, qué dejar para después. Es mi manera de sentir que tengo control sobre el caos.
Hace unos dias ese plan se rompió desde temprano.
Tuve que salir sin planificarlo, con varias diligencias que se fueron sumando una tras otra sin que yo las viera venir. Y ahí empezó el ruido: el GPS dándome instrucciones que, sin darme cuenta, no estaba siguiendo bien — terminé yendo por el camino contrario más de una vez. (Tuve que hacer las paces con él después: "Hola GPS, soy yo, Vicky. Seamos amigos, que tú y yo no nos estamos entendiendo.")
A eso se le sumó algo que no esperaba: yo estoy acostumbrada a manejar en silencio. Es mi espacio de calma. Pero ese día mi esposo iba conmigo, hablando sin parar todo el camino — él es superconversador, y yo, todo lo contrario. Entre su conversación, la voz del GPS, y la lista de pendientes dándome vueltas en la cabeza, sentí que mi mente ya no podía procesar nada más.
En un momento que me encontré sola en a guagua tuve que bajar el volumen del radio y respirar profundo para poder concentrarme en lo que estaba haciendo.
Y así seguí el resto del día: una parada que se me olvidó, tener que devolverme, buscar dónde sacar dinero, resolver un pendiente del negocio, y justo cuando pensaba que ya todo estaba resuelto y venía de camino a casa — mi hija me llama porque se le terminó algo que necesitaba y tuve que hacer una parada mas para conseguirselo.
Con el tiempo he entendido algo sobre mí: siento que mi mente no funciona igual que la de los demás. Necesito una especie de programación antes de empezar cualquier cosa — un orden, saber qué viene primero y qué sigue después. Cuando ese plan se rompe sin aviso, es como si el sistema completo se desconfigurara por un momento. No es terquedad ni falta de flexibilidad — es simplemente cómo proceso el mundo. Y está bien. No tengo que funcionar como todo el mundo para funcionar bien. (me lo tengo que repetir muy seguido)
Cuando por fin llegué a casa, me tomó un rato volver a "arrancar" — respirar, meditar, bajar las revoluciones. No fue inmediato, y no pasa nada. A veces recuperar el enfoque toma su tiempo, y eso también es parte del proceso, no un fracaso.
Si tú también sientes que tu mente a veces no deja de sonar — con pendientes, ruido, planes que se rompen sin avisar — quiero que sepas que no estás sol@. A veces no se trata de resolver todo lo que te tiene saturada, sino de bajarle el volumen a lo que sí puedas controlar, y darte permiso de parar cuando el ruido es demasiado.
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¿Y tú? ¿Qué haces cuando sientes que tu mente tiene demasiado ruido a la vez?
Un abrazo,
Vicky 🌸

